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CóRDOBA / PARA AFRONTAR LA CRISIS
domingo 17 marzo, 2019

La cuenca lechera apela al asociativismo y la diversificación

Mientras que las grandes empresas industrializadoras están ahogadas financieramente, los tambos se redimensionan para aprovechar un contexto favorable de precios altos.

César Murúa

SEÑALES IRREGULARES. El mercado lácteo experimenta irregularidades: incremento de precios, desabastecimiento en comercios o supermercados, y caída del consumo. Foto: CEDOC PERFIL
domingo 17 marzo, 2019

El mercado de consumo final de lácteos, por estos días, muestra simultáneamente señales irregulares: incremento de precios, desabastecimiento en comercios o supermercados y caída del consumo. Al mismo tiempo, industrias emblemáticas del sector están en bancarrota financiera y el fantasma del desempleo sobrevuela las localidades donde están radicadas sus plantas procesadoras.

Finalmente, los productores tamberos obtienen mejores precios, cercanos al valor deseado de referencia de 30 centavos de dólar por litro, pero apenas si alcanza para recuperarse de un segundo semestre de 2018 muy complicado por factores climáticos y la devaluación. Este escenario de riesgo e in certidumbre está forzando a los actores del sector a diseñar nuevas estrategias empresariales que contemplen oportunidades y amenazas en cada etapa del proceso, desde el corral hasta la góndola.

La cadena de valor. En los análisis del sector lechero, el precio es la variable que concentra, generalmente, mayor atención. Cuánto paga el consumidor y cuánto recibe el tambero por litro de leche producida aparecen como las cuestiones determinantes. Los datos más recientes del Observatorio de la Cadena Lác tea (Ocla) muestran la participación de cada eslabón de la cadena de valor y su evolución interanual.

En el último informe del Ocla se puede observar cómo los productores y el Estado -vía impuestos- han alcanzado una porción mayor, en detrimento de industriales y comercializa dores. Como cada uno de estos actores opera en condiciones particulares de su sector, esta secuencia es útil, además, para comprender cabalmente de qué manera el precio y oferta disponible para el consumidor es resultado del efecto diverso que una misma variable puede tener en distintos eslabones de la cadena de valor.

Un ejemplo claro es el tipo de cambio. En una economía bimonetaria como la argentina, la ecuación no es tan simple como para pensar que una devaluación implica automáticamente mayor competitividad de nuestros productos exportables. En los tambos argentinos, los costos de la producción de leche están dolarizados en la práctica. Los insumos para la alimentación de los animales varían sus precios con la fluctuación de la moneda extranjera.

De esta manera, una fuerte devaluación como la vivida a mediados del año pasado supone una escalada de los costos, que no se traslada directamente al precio por litro de leche que recibe el productor de manos de los industriales. El reacomodamiento de los precios puede llevar de seis a ocho meses, según expertos, y esto incrementa la vulnerabilidad financiera de aquellos tambos que no estén operando en un máximo de eficiencia. Esta variable macroeconómica que perjudicó de manera importante a los productores se conjugó, en los últimos meses de 2018, con factores climáticos de sequía primero e inundaciones luego, para provocar una caída en la producción. En el inicio de 2019, los datos de enero muestran una disminución interanual del 7,3% en los litros producidos.

La realidad de los tambos. La gestión de los costos de producción está siendo la variable determinante para el futuro del sector. El proceso de intensificación de la producción (más vacas por hectárea y más litros por vaca) afectó de manera desigual el desempeño de cada empresa. Quienes más dificultades están teniendo para adecuarse a este escenario son los establecimientos medianos, con alrededor de 500 vacas. El ingeniero Hernán Candelero, agrónomo y productor lácteo del departamento San Justo, explica: “Los tambos grandes de 1.000 vacas o más están absorbiendo a los medianos, que no son eficientes; y los más pequeños con 100 a 200 vacas de base pastoril subsisten porque operan con pocos insumos intensivos, bajando costos”.

Se está dando una concentración hacia los extremos. Candelero también expone la paradoja del momento: “La industria está llegando a pagar $12 el litro de leche al productor para mantener la planta en marcha, de lo contrario el costo de la capacidad ociosa es mayor. Con ese precio de la leche alto, es el momento conveniente para que los tambos medianos cierren y vendan sus vacas, porque la expectativa del comprador es positiva”.

De esta manera, se observa una concentración en establecimientos lecheros más grandes, con alta tecnificación -lo que demanda mano de obra calificada- y que añaden la producción de carnes, pasturas o granos para autoabastecerse y así diversificar su negocio.

El modelo asociativo. Los cambios en la estructura de la producción están generando tensiones porque el reacomodamiento no es automático. Esto puede generar situaciones de desabastecimiento, lo que suma un factor de riesgo adicional para el eslabón industrial. Para neutralizar esta amenaza, se están promoviendo nuevas estrategias de organización industrial, que integren horizontalmente a los productores y verticalmente a estos con las industrias que agregan valor a su producción.

En concreto, Manfrey está proponiendo transformar las empresas familiares en empresas asociativas “a través de la creación de sistemas de producción de gran tamaño en donde los integrantes aporten tierra, vacas, maquinarias o alimentos y a cambio reciban las utilidades que se generen, en forma proporcional al capital aportado”. El proyecto en gestación se anunció a través de una carta enviada el viernes a los productores que proveen a la empresa radicada en Freyre. La iniciativa de ‘Producción de leche en forma asociativa’ abarca estrategias de aporte de capital, integración por cercanía y gestión cooperativa.

Críticas de CRA a la política láctea. Para los productores, la estrategia del Gobierno para el sector lechero es incoherente. Por un lado se afirma que las oportunidades de despegue del sector están en los mercados externos, pero al mismo tiempo la política comercial impone retenciones y reduce reintegros a la exportación.

En la semana, el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, Dardo Chiesa, fustigó al Director Nacional de Lechería: “Alejandro Sammartino jamás quiso escuchar a los productores” y agregó que estos están a merced de los precios que fija la industria, lo que los lleva al quebranto.


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