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COLUMNISTAS / escraches
sábado 3 noviembre, 2018

Vigilar y castigar en la posverdad

Pongamos por ejemplo Kill Bill, la película de Quentin Tarantino donde se narra la emancipación de Beatrix Kiddo, quien es una practicante de artes marciales que no deja títere con cabeza hasta que logra la venganza total.

por Fabián Casas

Kill Bill, la película de Quentin Tarantino donde se narra la emancipación de Beatrix Kiddo, quien es una practicante de artes marciales que no deja títere con cabeza hasta que logra la venganza total. Foto: Kill Bill

Pongamos por ejemplo Kill Bill, la película de Quentin Tarantino donde se narra la emancipación de Beatrix Kiddo, quien es una practicante de artes marciales que no deja títere con cabeza hasta que logra la venganza total. Tiempo después, la actriz debajo de la máscara de Kiddo, Uma Thurman, dijo que Tarantino la había maltratado mientras filmaban, la había obligado a manejar un auto a toda velocidad, para que se movieran sus cabellos,  y hasta la había escupido sádicamente en la cara para lograr una gran escena. Tenemos por un lado, en la ficción, la celebración del empoderamiento de la  mujer, por el otro, el maltrato.

Tenemos por un lado, en la ficción, la celebración del empoderamiento de la  mujer, por el otro, el maltrato

La técnica del témpano de Hemingway. El capitalismo y el patriarcado son hermanos gemelos difíciles de derrotar. Trabajan con invisibilidad. Incluso cuando pensás que estás atacando a alguno de ellos, en realidad puede ser que los estés reafirmando. Hace unas semanas Ariel Minimal –músico de la banda de rock Pez– tocó como invitado con El Siempreterno, grupo de Sergio Rotman y Mimi Maura. Cuando Minimal salió para tocar los temas fue ovacionado. Pero una chica que estaba muy cerca del escenario le empezó a gritar que era un abusador. Rotman le ofreció el micrófono para que hiciera su descargo, pero ella prefirió irse. Lo curioso es que cuando un diario de mucho tiraje dio cuenta del recital, no habló del Siempreterno y su show, sino que puso el foco y el título en que Ariel Minimal había sido repudiado por una persona.

¿Qué mierda pasa? En principio, el escrache anónimo tiene algo de las prácticas premodernas de “justicia” cuando se ejecutaba a la gente en las plazas o se las apedreaba porque habían hecho algo que estaba mal. Esa espectacularidad que le hace agua la boca al capitalismo.

Para el diario en cuestión, seguir la marea del escrache anónimo sin chequear nada de nada era sumar clicks en la página web. A Ariel Minimal se lo acusó en un blog, de manera anónima, de haber abusado de una chica. A pesar de que Pez se puso a disposición para ir a la Justicia, nunca se presentó nadie a hacer la denuncia. Al igual que Sergio Rotman, yo creo que Minimal es inocente y se está cometiendo una injusticia con él. Pero no importa, ¿no? Tampoco hay que victimizarse: Ariel no puede tocar, no tiene trabajo, pero hay muchísima gente en este país que no tiene trabajo. Si yo quisiera, en esta noche de calor, podría armar toda una cadena de denuncias contra cualquiera que me cae mal: es sencillo, nadie chequea nada, estamos en la era de la posverdad.

El escrache anónimo tiene algo de las prácticas premodernas de “justicia” cuando se ejecutaba a la gente en las plazas o se las apedreaba porque habían hecho algo que estaba mal

Cuando comenté que iba a escribir sobre este caso, me decían: “No te metas en eso”, “Ojo que te van a caer con todo”. Me hizo recordar a cierta atmósfera que se vivía después del golpe del 76. Yo –como Andrés– soy de la quinta que vivió el mundial 78, crecí viendo a mi alrededor paranoia y dolor. Pero también tuve el privilegio de ser contemporáneo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, mujeres que ponían el cuerpo en una época previrtual, donde no había likes sino tiros. No se puede presenciar semejante acto de heroísmo y no aprender nada de eso.

Otra de las cosas que me objetaban era que no podía hablar porque no era mujer. Me acordé del texto que escribió Analía Couceyro cuando no pudo interpretar Esperando a Godot, este año, por una cláusula de los herederos de Beckett. Lucky, el personaje de Analía, debía ser interpretado por un hombre. Lo había dejado estipulado Beckett y era ley. Me había hecho la ilusión de ver a la genia de Couceyro actuando en Godot. En ese momento, ella escribió: “¿Cómo saben que soy mujer? ¿Qué significa ser varón o una mujer? No son simples preguntas, el mundo está discutiendo estos conceptos”.

Los escraches anónimos son funcionales al fascismo. El patriarcado no se va a caer por esto: más bien encontró otra forma punitiva y moralista de conducirnos a una sociedad del miedo y donde todos podemos ser policías por una rato.

Parece una ley: si metés todo en el mismo bolso, lo que creás es un Bolsonaro

De hecho, ya hay una aplicación del Gobierno de la Ciudad que te permite denunciar desde tu celular, con fotos. Claro que tenés que tener plata y celular, así que ya sabemos quiénes van a ser los denunciados. Parece una ley: si metés todo en el mismo bolso, lo que creás es un Bolsonaro.


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