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COLUMNISTAS / DUDAS DE CAMPAÑA
domingo 14 julio, 2019

Los dilemas de Fernández

La fórmula Alberto-Cristina pierde por goteo su ventaja en las encuestas. Enojarse no ayuda.

por Carlos De Angelis

AF. Foto: Pablo Temes

Por un conjunto de razones, las diferencias de intención de voto entre Alberto Fernández y Mauricio Macri se fueron reduciendo con el correr de las semanas. Desde aquel 18 de mayo en que Cristina Kirchner daba la noticia de la invitación a Alberto Fernández para que encabece la fórmula presidencial han pasado menos de sesenta días, pero se percibe que la ventaja con que arrancó el ex jefe de Gabinete se va escurriendo, como arena entre los dedos, en una zona de incertidumbre. Lo que parecía imposible seis meses atrás va creciendo como escenario posible, esto es que Macri obtenga su reelección.

Bloque. Por más que desde la vereda opositora se subestime a Macri, él es la cara visible de un bloque que haría sonrojar al propio Antonio Gramsci. Gran parte del sector empresarial, el agropecuario y el financiero apoyan sin cortapisas el proyecto que propone Juntos por el Cambio. También existe un sostén subrepticio de muchos sindicalistas que ven beneficios en este proceso, y el apoyo de una parte –siempre oficialista– del Poder Judicial. A esto debe sumarse un sector importante de los medios de comunicación y el periodismo que, ya sea por convicción, interés o rechazo a Cristina, sostiene al Gobierno en forma capilar, magnificando sus logros y disimulando sus déficits. Luego, el indudable apoyo internacional, al punto que el FMI accede al uso de su propio préstamo para que el oficialismo pueda contener el dólar. Todo esto sostenido en un núcleo duro de votantes que no baja del 25% y un núcleo blando que puede variar entre un 10% y un 20%.

Se puede objetar que muchos de estos votantes están más unidos por el espanto al kirchnerismo que por el amor al propio Macri, pero esto no importa a la hora de contar votos. Pocos se preguntan por qué personas que ven la gestión de gobierno como regular o mala hoy persisten en votarlo, o por qué una mayoría de jubilados que vieron reducidos sus haberes tampoco dudarán a la hora de meter en la urna Macri-Pichetto.  

Renglón aparte debe considerarse la construcción de una lógica de campaña permanente desde el día 1 en que Macri ocupó la Casa Rosada. Desde allí se fue repitiendo un mantra que encuentra eco en una parte importante de la sociedad: evitar los atajos y las trampas, combatir las mafias y aguantar los sacrificios para no ser Venezuela.

La oferta es un gobierno dedicado al hacer centrado en la obra pública (cloacas, agua potable y rutas) y un futuro brillante de reformas. Todo el discurso gubernamental se ancla en aquellos significantes negativos como asociados al peronismo, mensaje transmitido todo el tiempo por todos los medios posibles, que surge hasta en lugares insospechados y con modalidades hiperprofesionalizadas. Finalmente, la incorporación de Miguel Pichetto a la fórmula ocupa el mismo espacio simbólico que implicó el triunfo de María Eugenia Vidal en 2015: un pasaporte de gobernabilidad.

Muchos votantes no quieren a Macri ni a CFK pero van a votar por lo que creen el mal menor.

Definiciones. Debería resultar obvio que enfrentar electoralmente al macrismo no es fácil. Muchos piensan que simplemente se trata de que la economía pase factura y que el Gobierno pierda por su propio peso, y por ende casi no se necesita campaña electoral. Otros creen que con el recuerdo de tiempos pasados alcanza, y que el voto nostalgia va a ganar su lugar. Sin embargo, sin un planteo de campaña claro y preciso parece complejo sostener la contienda electoral frente a un oficialismo que no va a dudar en poner todas las herramientas en juego. Sin dudas tiene que generar un mensaje convocante expresado con claridad y adaptable a los diversos segmentos de la población, pero que a la vez interpele al conjunto. En este sentido, la campaña parece titubeante, falta de narrativa e imaginación y sin respuestas frente a las decenas de situaciones emergentes.

Uno de los principales dilemas de Alberto Fernández es cómo plantarse en este terreno electoral pantanoso, lleno de dificultades inesperadas como el llamado a declaratoria por parte del juez Bonadio sobre una nota de opinión suya publicada sobre el Memorándum de Entendimiento con Irán en el diario Clarín, hace muchos años, o las inchequeables declaraciones de Martha Pelloni sobre La Cámpora: el brazo del narcotráfico.

Periodismo. Un tema que surge con fuerza es la relación de Fernández con el periodismo. Si la decisión es realizar entrevistas en todos los medios, es claro que las preguntas van a ser del estilo de si volvería a poner el cepo, si en realidad va a gobernar La Cámpora o Cristina, y si apoyaría a Maduro. Muchas de estas entrevistas serán de las llamadas hostiles, que son las que buscan destacarse en el ruido comunicacional. Los políticos, especialmente los de primera línea, deben prepararse para este tipo de entrevistas. En cualquier caso, enojarse es siempre la peor opción.

Otro de los puntos claves es observar la complejidad de su relación con Cristina Kirchner, que lejos de inesperada se conocía desde un primer momento, toda vez que la polarización es con ella.

Fernández va a ser interrogado por las medidas de un proceso (tres mandatos) que él abandonó en 2008, pero tampoco puede obviar al cristinismo como lógica política, así como a una cantidad de interlocutores que hablan desde allí y que causan rechazo en los sectores medios a los que debe seducir. Muchos de estos votantes son los “imposibles” que, al decir de Duran Barba, no quieren ni a Mauricio Macri ni a Cristina Kirchner, pero van a votar por lo que consideren el mal menor.

En definitiva, hoy el trabajo principal de la campaña es analítico, y de veloz investigación-acción, no solo para identificar a los distintos segmentos de votantes, para entender sus deseos y valoraciones, sino para buscar sentidos de unidad, esos sentidos subyacentes que implican pertenecer a la misma sociedad. En este sentido, la intuición puede llegar a estar más influida por el microclima de los dirigentes y personas del núcleo cercano que por el ciudadano de a pie. Es claro que el Gobierno dispone de herramientas masivas como infinitas bases de datos, redes sociales, la posibilidad de hacer cientos de avisos de gestión y el debatido acceso a los celulares vía WhatsApp. Pero son las reglas del juego político hoy.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis).


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