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COLUMNISTAS / PANORAMA / CANDIDATURAS
sábado 5 enero, 2019

Jaime y Patricia

La ministra Bullrich es la que más “garpa” pero no del estilo que prefiere Duran Barba.

por Julio Burdman

EL CUENTO DE JAIMITO Jaime Duran Barba Foto: Imagen: PABLO TEMES

El búnker político y comunicacional de Cambiemos, que mora en la Casa Rosada, descubrió la conveniencia de la política de seguridad. Los votantes medidos en encuestas no se sienten más seguros pero creen que el gobierno nacional al menos está haciendo cosas para resolver el problema. No sucede lo mismo con los grandes ministerios y agencias del Estado de bienestar –educación, salud, trabajo, jubilaciones– ni con la economía en general. En esas grandes áreas “tradicionales” el votante no encuentra nada que le agrade. Pero hay dos cosas que sí está valorando: seguridad y obras públicas urbanas.

Sin embargo, en el último caso hay un problema electoral. Atribuible, tal vez, a un error de cálculo político inicial por parte del gobierno nacional. Colaboradores peronistas de Macri se lo habían advertido de entrada. Y tuvieron razón: las encuestas muestran que quien capitaliza las obras de pavimentación, veredas o saneamiento en las ciudades son las autoridades locales.

Capitalizar. Aunque sea el Poder Ejecutivo Nacional quien diseñe, financie y ejecute las obras, el "vecino" siempre agradece al intendente. Sea quien fuere el intendente. Mauricio Macri no puede plotear con su nombre la reparación de una avenida; Jorge, su primo, sí. Eso significa que es difuso el mecanismo por el cual las obras públicas urbanas, tan caras al modelo electoral de Cambiemos, se traducirán en apoyo directo al Presidente. Como sí sucedía cuando Macri gobernaba en la Ciudad.

Tal vez no se pudo o supo construir un nombre y rostro nacional que simbolice a las obras públicas. Rogelio Frigerio no representa eso para los votantes. En cambio, Patricia Bullrich sí supo convertirse en un símbolo de la seguridad. Sea que hablemos de un policía local avellanedense como Chocobar, de los gendarmes en la frontera o de los delitos comunes en alguna provincia, cuando se trata de seguridad el votante piensa en Patricia Bullrich. Así fue cómo la ministra de Seguridad se convirtió en un activo electoral para Cambiemos en 2019. Es la única que suma con política pública y marca registrada.

Sea o no candidata a algo, a Patricia la van utilizar para la campaña. Y a fondo. El búnker político y comunicacional le pide ideas y letra discursiva. Y que filme spots junto a candidatos locales para difundir en las redes sociales. Patricia Bullrich garpa. Naturalmente, Jaime Duran Barba tiene que trabajar con este nuevo insumo que funciona. Trabajan en equipo.

La sociedad del pesimismo

Sin embargo, este ascenso de Patricia debe resultar incómodo para Jaime. Aunque el asesor estrella de la Rosada se identifique como un pragmático y un adaptativo, cree en las ideas que pregona. Y le gusta verlas desplegarse. Mientras tanto, Patricia Bullrich representa algo bastante diferente de lo que él y otros creadores de la identidad PRO vienen pregonando y defendiendo. Diferente de lo que Jaime escribió en sus libros, al menos.

Voto duro. A los votantes de Cambiemos –y a algunos otros también– les gusta que Patricia Bullrich sea decidida y que defienda sus posiciones con cierta obstinación. Cuando estallaba el caso Maldonado, y sin contar aún con pruebas contundentes, ella defendió a capa y espada a la Gendarmería ante la Comisión de Seguridad Interior del Senado, que la había citado para interpelarla.

Algunos funcionarios cambiemistas dijeron que ella “se jugó demasiado”. Y es que su vehemencia contradecía buena parte de la formación que ellos habían recibido en los seminarios internos del partido.

En la teoría de Jaime, que en alguna medida moldeó la comunicación política del PRO, los líderes vehementes y seguros son cosa del pasado. Descree expresamente del líder infalible.

En uno de sus libros más vendidos, habla del “mito anacrónico de la investidura presidencial”, según el cual los mandatarios “no debe reconocer sus equivocaciones y menos aún decir que va a corregirlas”. Al contrario, Jaime sostiene que a los votantes les gustan los líderes que se muestran falibles, capaces de rectificar, que se muestran como “seres humanos”. Todo eso nos suena conocido.

El secreto de Cambiemos: Pese al mal resultado económico, las encuestas aún le sonríen. Meritocracia y la amenaza ultra.

Otra diferencia notoria entre el “estilo de Patricia” y la “teoría de Jaime” –que resume, hay que decirlo, varios conceptos extendidos en el campo de la comunicación política– reside en el valor de la política programática para el arte de comunicar. Patricia Bullrich arma un relato sobre los orígenes de la inseguridad en Argentina y las soluciones que ella trae a tal efecto. Para Jaime, eso es elitista. El asesor presidencial sostiene que la gente no necesita que los políticos le cuenten “cómo funciona la realidad”, ya que eso produce “reacciones negativas”. El mensaje construido de arriba hacia abajo sería ilusorio; se comunica desde las experiencias.

“En la campaña no estamos para educar, sino para comunicarnos. Tenemos que aprender el lenguaje de la gente porque en esta nueva etapa no basta el espectáculo melancólico, sino que los electores son activos y participan de la campaña”.

Liderazgos. El político debe empatizar, generar confianza, transmitir sentimientos, decir lo menos posible... y lograr que los propios electores sean los que convenzan a sus familiares y amigos acerca de cómo votar.

De esa forma, el líder soñado del duranbarbismo es aquél que dice poco. Interviene para decir la verdad, porque eso es una señal de que está respetando y dando espacio a su interlocutor. Prefiere escuchar, especialmente cuando el votante le está hablando acerca de sus aspiraciones. Ese sería, digamos, el momento más intenso de la comunicación política.

En el modelo electoral de Jaime, los mejores candidatos son aquellos que mejor responden a los preceptos de la comunicación “que el votante quiere”. Y justo Patricia, la que menos se parece a lo que él propone en sus libros, es la que emergió. Ella es la más política del  gabinete: la que tiene la trayectoria más extensa –eso explica, además, que sea la de mayor nivel de conocimiento– y la que menos se sube al discurso oficial. Formada en la política tradicional, habla desde sus convicciones, reivindica el liderazgo y defiende sus posiciones. Y, para horror de Jaime, es precisamente eso lo que más valoran de ella los votantes. De acuerdo a los informes de los focus groups  que seguramente Jaime ya leyó.


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