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COLUMNISTAS / maestros
sábado 13 julio, 2019

En el desierto capitalista de lo real

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por Fabián Casas

default Foto: CEDOC

Los viejos blogs... no pasa un día sin que piense en ellos por un instante. Tuvieron un paso fugaz y potente. Como decían sus críticos: “Cualquier boludo puede escribr un blog”. Y eso era lo que los hacía geniales. Que de golpe surgieran miles de boludos con ideas frescas, tomando la herramienta digital del blog para poder escribir fuera de la agenda oficial de los medios hegemónicos. A diferencia de Twitter, donde los que tienen odio absoluto pueden restringirse a breves palabras, en el blog, si eras bueno, tenías que tener oído absoluto para escuchar más allá de la novedad, para ser, como decía Walter Benjamin, un contemporáneo: alguien que siempre está corrido, alguien que trabaja contra la estupidez de las ideologías centrifugando el presente y el pasado.

Pregunto: ¿qué libro te llevarías  a una isla desierta? Respuesta: Me llevaría un revólver y me pegaría un tiro, porque los libros son para estar entre la gente. Cambio la pregunta: ¿Qué libro te llevarías al desierto de lo real? Respuesta: Todos los libros de Mark Fisher y también una pistola para cuando los termine.

Mark Fisher fue un crítico británico inspirado en los grandes autores que se gestaron en torno a la música rock: Simon Reynolds, Greil Marcus, quienes a su vez se cruzaron con los potentes filósofos post heideggerianos: Jacques Derrida, Gilles Deleuze y Slavoj Zizek, entre otros. Caja Negra editó en Argentina tres libros más de Mark Fisher: Jacksonismo (una recopilación de ensayos hecha por Fisher sobre ya sabemos quién), Realismo capitalista, Los fantasmas de mi vida y, finalmente, el que nutrió a todos los libros nombrados anteriormente: K-Punk, Volumen 1. Si siempre pienso que el libro por el que hay que empezar a leer a Saer es Cicatrices, creo que K-Punk (una recopilación de los posteos de Fisher en el blog del mismo nombre) es la introducción ideal para sumergirse en el pensamiento de Mark Fisher, un pensamiento anegado por el agua a veces, donde la lucidez descarnada para mirar el presente capitalista se parece mucho a la cueva tailandesa donde estaba atrapado el equipo de fútbol de chicos. Mark Fisher bucea hasta ellos pero… nos los puede sacar.

Los fans de Deleuze decían que su suicidio fue una decisión afirmativa, debido a la enfermedad que lo hostigaba. Mark Fisher luchó contra la depresión durante toda su vida y finalmente fue derrotado. Se suicidó a comienzos de 2017. Y aunque no deberíamos, es difícil no leerlo bajo los efectos de este acto radical. El mismo escribe en un tramo de K-Punk, en un posteo sobre la película Los juegos del hambre, citando a Bifo Berardi: “El suicidio es el acto político decisivo de nuestro tiempo”. Fisher puede hablar de la trilogía de Nolan de Batman, de los libros de Ballard o del anticapitalismo de las fábulas de Margaret Atwood, pero la conclusión siempre es la misma: no hay alternativa. Su prosa no tiene la mímesis del habla, en realidad, cuando lo leemos, parece que estuviéramos escuchando directamente sus pensamientos.

Su maestro tutelar es Zizek. Muchos de los post empiezan con una frase de este tipo: “Como dijo Zizek”, “Ya lo explicó mejor que nadie Zizek”, etc. Uno no puede dejar de observar que en castellano, Zizek suena a “Sí, sé”. Zizek parece saberlo todo. Cuando sale una película nueva o una serie causa conmoción o se derriban dos torres inmensas en medio del imperio, la gente espera: “A ver qué va a decir Zizek”.

Pero hay algo en el escritor esloveno que resulta hedonista comparado con su discípulo británico. Zizek puede aparecer en una película sobre sí mismo, hablando desde una cama, te trae malas noticias, pero es un bont vivant. Fisher, en cambio, abrió el regalo envenenado de Lacan –como las cartas que manda Putin a sus opositores– y tiene los días contados.

San Lorenzo quiere volver a su cancha invisible y marchamos una noche gélida para conseguirlo. Si tuvieran que marchar para pedir por la gente que duerme en las calles de nuestra ciudad, una ciudad reciclada por su gobernador para que no la habite nadie, una ciudad habitada por fantasmas de lo que nunca va a suceder,¿cuánta gente de toda esta se apuntaría?. Muy poca, diría Mark Fisher. Y eso te liquida.


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