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COLUMNISTAS / herramienta politica
domingo 13 enero, 2019

El Presidente y los símbolos

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por Sergio Sinay

Foto: Cedoc
domingo 13 enero, 2019

Con la capacidad de simbolizar, la especie humana efectuó un salto cuántico en su proceso evolutivo, diferenciándose de manera definitiva de las demás especies, con las que biológicamente comparte mucho. Las primitivas pinturas rupestres y las tablillas de cerámica en las que apareció la escritura cuneiforme son algunos de los primeros testimonios de esa capacidad, que se plasma en el arte, en la literatura, en la poesía, en la interpretación de los sueños y en diversas experiencias de la comunicación y la creatividad humana.

Un símbolo expresa algo no racional, indescriptible en el lenguaje cotidiano y ordinario, va más allá de lo tridimensional y revela cómo la mente se abre a dimensiones complejas lejanas de lo obvio y tangible. Así lo explica el psicoanalista francés Eugene Pascal, autoridad en el pensamiento de Carl Jung (quien a su vez se internó profundamente en la comprensión de la función simbólica). Sin la capacidad de simbolizar viviríamos en una realidad plana, de un racionalismo agobiante, repetitivos y aburridos. El racionalista unilateral, dice Pascal, está desafortunadamente separado de corrientes profundas de la vida, por donde fluye lo inconsciente y lo arquetípico. Pierde mucho de la riqueza que ofrece el inconsciente colectivo a quienes pueden captar metáforas, alegorías, parábolas.

Cuando el presidente Macri expresa su estupefacción al no comprender por qué le critican el haber tomado vacaciones, permite la sospecha sobre su pobre capacidad de simbolización. Porque la crítica no alude al período de descanso en sí, sino al valor simbólico del momento, el lugar, la modalidad, la comunicación y la exhibición de imágenes de esas vacaciones. No se trata del descanso, no. Solo que muchísimos de ellos no pueden hacerlo, aunque quieran, otros se encuentran con descansos forzados, debido a despidos o suspensiones en su trabajo, y muchos, que sí se toman un recreo, transcurren esos días con angustia, preguntándose qué les espera al volver y cuánto peor podrá ser este año respecto del anterior. Preguntas en cuya génesis la gestión del gobierno tiene una gran responsabilidad.

Para decirlo con otras palabras, quienes lo critican simbolizan. Porque ven y entienden aquello que ni él ni sus asesores comunicacionales, políticos y filosóficos ni los intelectuales cortesanos captan. Que hay siempre un “qué” y un “cómo”. El “qué” es lo plano, lo evidente, lo obvio. El “cómo” es la transformación de lo obvio en símbolos que se abren a la interpretación, ese formidable atributo humano.

La comprensión de lo simbólico es una poderosa herramienta no solo artística, no solo psicoterapéutica, sino también política. “Sangre, sudor y lágrimas” en boca de Churchill no era una promesa literal, era extraordinariamente simbólica y movilizó a un pueblo que entendió el símbolo. Cuando Mandela, como presidente, promovió y logró el apoyo de la población negra a los Springboks, la selección sudafricana de rugby que representaba el apartheid, realizó una magnífica acción simbólica en la búsqueda de la reconciliación. Quienes gobiernan y tienen capacidad de simbolizar pueden crear y sostener visiones convocantes, pueden afirmar, aun en los peores tiempos, la esperanza de que hay un futuro y de que este es colectivo. En boca de estadistas así la palabra “juntos” adquiere dimensión de símbolo, está henchida de contenido. En quienes carecen de esa capacidad es un sonido vacío, no dice nada, aunque se repita mil veces en Instagram, en avisos de YouTube, en Facebook o en desvaídos mensajes grabados para la televisión.

No solo la sensibilidad para comprender lo simbólico es importante siempre, y más aún cuando se gobierna. También lo es la empatía. Decir que el de presidente “es el peor trabajo del mundo” (cuando además se tiene a la reelección como proyecto excluyente) es un poquito irrespetuoso hacia tantas personas con trabajos insalubres (hacia los cuales viajan mal y mucho cada día), precarios, mal pagos o, directamente, sin trabajo.  ¿Se cambiaría el Presidente por ellas?

 *Periodista y escritor.


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